Raíces locales, aulas globales

Una experiencia docente con proyectos colaborativos nacionales e internacionales.


La presente narrativa de experiencias pedagógicas muestra el impacto de los proyectos colaborativos nacionales e internacionales en el desarrollo profesional docente, así como su contribución a la formación integral de los estudiantes de educación básica. A partir de diversas experiencias desarrolladas en contextos locales y globales, se reflexiona sobre el valor de la colaboración, el diálogo intercultural y el uso pedagógico de la tecnología para ampliar las oportunidades de aprendizaje. El eje que articula esta experiencia es la convicción de que la globalización educativa no implica abandonar las propias raíces culturales, sino fortalecerlas mediante el encuentro con otras formas de pensar, vivir y comprender el mundo.

Mi participación en proyectos colaborativos comenzó en 2019, cuando me integré a los talleres del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), entre los que destacan Somos Narradores y Líderes de Opinión, dirigidos por el maestro Eduardo Augusto Canto Salinas, destacado profesional de la educación mexicana y latinoamericana en los ámbitos de la comunicación, producción audiovisual y autoría de libros de texto. Estos proyectos permitían que docentes de México y América Latina fortalecieran las habilidades lingüísticas de sus estudiantes mediante actividades diseñadas de acuerdo con su perfil de egreso. Asimismo, brindaban la oportunidad de conocer las experiencias desarrolladas por colegas de distintos países y compartir procesos de retroalimentación y aprendizaje mutuo. Como afirmaba Freinet (1971), “la escuela no debe desinteresarse de la vida”. Esta idea adquiría pleno sentido cuando los estudiantes relacionaban sus experiencias cotidianas con problemáticas y realidades compartidas por otros pueblos y culturas, fortaleciendo tanto su identidad local como su apertura hacia el mundo.

La orientación y el acompañamiento brindados por el maestro Eduardo fueron fundamentales durante esta etapa formativa. Además de revisar los productos elaborados por los participantes, compartía observaciones que favorecían la mejora continua y promovía una actitud permanente de aprendizaje y colaboración. Gracias a estos espacios, fue posible comprender que la educación trasciende los límites físicos del aula y que el intercambio entre docentes constituye una fuente invaluable de crecimiento profesional. Estas experiencias sembraron las bases de una práctica educativa más abierta, reflexiva y comprometida con la construcción colectiva del conocimiento.

La llegada de la pandemia por COVID-19 en 2020 transformó profundamente mi práctica docente y las dinámicas educativas de mi contexto. La incertidumbre y la frustración predominaban ante un escenario complejo, especialmente en las escuelas ubicadas en contextos vulnerables. Muchos docentes no estábamos familiarizados con el uso de herramientas digitales ni de plataformas educativas para el desarrollo de las clases, por lo que fue necesario capacitarnos y adaptarnos rápidamente a nuevas formas de enseñanza. Durante ese periodo, diversas iniciativas de formación impulsadas por Google facilitaron el acceso a aulas virtuales y recursos digitales que permitieron mantener la continuidad educativa. La tecnología se convirtió entonces en un puente indispensable para sostener los procesos de aprendizaje y preservar el vínculo entre docentes y estudiantes en medio de una crisis sin precedentes.

Por aquellos años cursaba una maestría y uno de mis profesores afirmaba que los docentes somos agentes de transformación, capaces de convertir incluso una piedra en un recurso pedagógico para enseñar. Inspirada por esa idea, organicé mis clases primero en la Escuela Secundaria por Cooperación “Genaro Vázquez Rojas” No. 8302, en Chihuahua, y posteriormente en la Escuela Secundaria Estatal “Juan Alanís” No. 3004, en Ciudad Juárez. A pesar de las dificultades, aquella experiencia impulsó el desarrollo de nuevas competencias digitales y fortaleció la búsqueda de estrategias innovadoras para mantener vivo el aprendizaje. Comprendí entonces que la creatividad, la resiliencia y la disposición para aprender son herramientas indispensables para enfrentar los desafíos educativos de cualquier época.
Durante ese periodo, los talleres colaborativos del ILCE desempeñaron un papel fundamental, pues me permitieron trabajar inicialmente con el modelo educativo de Aprendizajes Clave y, al mismo tiempo, comenzar a conocer e implementar los principios del nuevo modelo educativo de la Nueva Escuela Mexicana. La participación constante en estos espacios de formación favoreció el intercambio de experiencias con docentes de distintos contextos, enriqueciendo mi comprensión sobre la diversidad educativa de nuestro país y de América Latina. Asimismo, reafirmó la importancia de construir comunidades profesionales de aprendizaje orientadas a la mejora continua de la práctica docente.
Gracias al trabajo cercano con el equipo de profesionales del ILCE, fui invitada por la Mtra. Vianney Ávila Esquivel a colaborar como asesora externa en el diseño del curso Nuevo Modelo Educativo: del plan de estudio al aula. Esta experiencia representó una valiosa oportunidad para convivir y aprender de especialistas comprometidos con el fortalecimiento de la educación en México y América Latina. A varios de ellos ya los conocía a través de webinars, diplomados y certificaciones relacionados con la construcción de la paz, la inclusión, las habilidades socioemocionales, la atención a estudiantes en situación de movilidad y la promoción de los derechos de niñas, niños y adolescentes. La experiencia enriqueció significativamente mi formación profesional y reafirmó mi convicción de que la educación constituye una herramienta fundamental para la transformación social.

En 2024 recibí la invitación para participar en mi primer proyecto colaborativo internacional con docentes de distintos países, impulsado por iEARN (International Education and Resource Network). La invitación fue realizada por la Mtra. Vianney Ávila Esquivel y por la Máster en Tecnología Educativa y Educación a Distancia, Nuria de Alva Ruiz, para integrarme al proyecto Lugares y Costumbres, al cual titulé La ruta de las maravillas de mi entidad. Este fue desarrollado con estudiantes de tercer grado de la Secundaria Estatal 3023 de Chihuahua, en colaboración con alumnos de Ramona High School, en Riverside, California. La experiencia permitió que los participantes compartieran elementos representativos de sus comunidades, fortalecieran sus habilidades comunicativas y reconocieran el valor de su patrimonio cultural. De esta manera, las raíces locales se convirtieron en un puente para establecer conexiones significativas con otras culturas y realidades.

Gracias a esta experiencia tuve la oportunidad de viajar a Antigua Guatemala y participar en un valioso espacio de aprendizaje e intercambio entre docentes de diversos países. Allí conocí a profesionales extraordinarios con quienes compartí el interés común de transformar nuestras aulas sin perder nuestra identidad cultural y nacional. Los diálogos sostenidos durante este encuentro permitieron reflexionar sobre los retos de la educación contemporánea y sobre la necesidad de construir proyectos que favorezcan la comprensión intercultural y la cooperación internacional. Estas experiencias confirmaron que la diversidad cultural constituye una riqueza compartida que puede convertirse en fuente de aprendizaje y crecimiento para todos.

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LA ANTIGUA 2024
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Asimismo, fui invitada a participar en iniciativas como DIM-EDU, GLOW 2025 y ADN#4 CREATIVIA 24H. Estos espacios me permitieron profundizar en los intercambios culturales promovidos por las redes educativas internacionales y reflexionar sobre la inmediatez de internet, así como sobre la importancia de utilizar de manera crítica y pedagógica las herramientas digitales. Como señala Morin (1999), “es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres”. En un mundo interconectado y cambiante, las redes de colaboración entre docentes y estudiantes representan espacios de encuentro, aprendizaje y construcción colectiva de conocimiento que permiten afrontar los desafíos educativos con una mirada más amplia y compleja.

GLOW 2025

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DÍA DEL INTERNET CREATIVIA

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En 2026, al realizar una reflexión retrospectiva sobre mi desarrollo personal y profesional, reconozco el profundo impacto que estas experiencias han tenido en mi práctica docente. Hasta el momento he participado en diversos proyectos como maestra global desde la Secundaria Estatal 3023 de Chihuahua. Entre ellos destacan Heritage: Herencia Cultural, desarrollado con nuestros compañeros globales de la Escuela Nacional de Artes Visuales de Puerto Rico y la Dra. Carmen Iris Rivera, así como Tertuliando sobre la Lengua, realizado con docentes y estudiantes de Puerto Rico bajo la coordinación de la Dra. Adelaida Pagán. Ambos proyectos permitieron fortalecer el reconocimiento de la identidad cultural, el intercambio de saberes y la valoración de las distintas formas de expresión que enriquecen nuestras comunidades.

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Asimismo, al iniciar el presente año tuve la oportunidad de proponer para el libro semestral de iEARN el proyecto La Feria de las Cosmovisiones, desarrollado entre la Secundaria Técnica No. 2 “Tierra y Libertad”, en Toluca de Lerdo, Estado de México, y El Camino Real Academy, en Santa Fe, Nuevo México, Estados Unidos. Esta iniciativa busca que los estudiantes exploren las cosmovisiones presentes en sus comunidades, identifiquen elementos culturales significativos y establezcan diálogos con jóvenes de otros contextos. A través de este intercambio, se promueve el respeto por la diversidad, el reconocimiento de las propias raíces y la construcción de aprendizajes interculturales que fortalecen la ciudadanía global.
La Feria de las Cosmovisiones
El segundo proyecto que propuse se titula Periodistas por el Planeta: Inspirados por Mermaid Elle: Saving the Seas, de Elle Jiménez, compañera de iEARN Orillas. Se trata de un proyecto comunitario que transforma a los estudiantes en periodistas ambientales y agentes de cambio. Mediante la lectura, la investigación y la acción colectiva, los participantes analizan problemáticas ambientales de su entorno, elaboran reportajes y promueven acciones encaminadas al cuidado del planeta. La propuesta demuestra que los desafíos globales pueden abordarse desde la realidad local, permitiendo que los estudiantes comprendan que sus acciones cotidianas tienen un impacto directo en la construcción de un futuro más sostenible.
Internet no solo facilita la circulación de información, sino que también favorece la construcción de comunidades de aprendizaje que trascienden fronteras geográficas y culturales. Docentes y estudiantes formamos redes vivas de intercambio, apoyo mutuo y crecimiento colectivo. En estos espacios reconocemos tanto las diferencias como las semejanzas entre las cosmovisiones de nuestros pueblos, comprendiendo que la diversidad cultural constituye una riqueza compartida. En este sentido, cobra vigencia la reflexión de Freire (2005): “Nadie educa a nadie; nadie se educa a sí mismo”. Los proyectos colaborativos permiten construir conocimiento de manera colectiva, fortaleciendo el diálogo, la empatía y el compromiso con una ciudadanía global responsable.
Estoy convencida de que generar nuevos espacios y ambientes de aprendizaje para docentes y estudiantes es una necesidad inaplazable. Estas redes nos inspiran a profundizar en el uso de la tecnología, el humanismo, la organización de proyectos y las metodologías innovadoras. Todo ello fortalece el aprendizaje desde la realidad inmediata de nuestros estudiantes hacia una comprensión más amplia del mundo. Al mismo tiempo, permite que las comunidades escolares reconozcan el valor de sus saberes locales y los proyecten hacia escenarios de colaboración internacional que enriquecen la experiencia educativa.
Los proyectos colaborativos nacionales e internacionales constituyen una valiosa oportunidad para que los estudiantes desarrollen aprendizajes significativos, construyan ciudadanía y participen activamente en la transformación de su entorno. Para Freinet (1971), la educación adquiere sentido cuando se relaciona con la vida y la experiencia de los estudiantes. El impacto de estas experiencias resulta significativo, pues fortalecen las habilidades interculturales, favorecen la colaboración, desarrollan competencias digitales y amplían las expectativas académicas y profesionales de los participantes. Asimismo, promueven la reflexión sobre los desafíos ambientales y sociales de nuestro tiempo, impulsando una participación más consciente y comprometida en la construcción de comunidades más justas y sostenibles.
Necesitamos impulsar proyectos que favorezcan el entendimiento intercultural, reduzcan las brechas sociales y educativas, y contribuyan a la construcción de un mundo más justo y solidario. La educación tiene la responsabilidad de formar personas capaces de dialogar con otras culturas sin renunciar a su identidad, reconociendo que la diversidad constituye una fuente de enriquecimiento mutuo. En definitiva, la experiencia vivida demuestra que es posible construir aulas globales sin abandonar las raíces locales. Por el contrario, cuanto más profundamente conocen los estudiantes su cultura, su historia y su comunidad, mayores son sus posibilidades de comprender el mundo, valorar la diversidad y participar activamente en la transformación positiva de su entorno.

Agradezco la oportunidad de colaborar con el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa, iEARN, la Red Doctoral para la Educación Mexicana, la Red Iberoamericana de Academias de Investigación —en la que estoy próxima a concluir mi doctorado—, el Centro Continental Educativo México-Perú, el Colectivo Pedagógico Comunal del Anáhuac, el Colegio de Docentes de las Ciencias, la Naturaleza, el Ambiente y la Tecnología A. C., así como con la Secundaria Estatal 3023, por permitirme participar activamente en diversas acciones académicas. Cada una de estas experiencias ha contribuido a fortalecer mi formación profesional y a reafirmar la convicción de que la educación colaborativa representa una de las vías más prometedoras para enfrentar los desafíos del presente y del futuro.

El dominio de las herramientas tecnológicas y la posibilidad de establecer conexiones internacionales han transformado profundamente las oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional de los docentes. Gracias a la observación sistemática de los proyectos colaborativos en los que he participado desde 2019 hasta la fecha, he podido identificar tendencias, necesidades y áreas de oportunidad que dieron origen al tema de investigación con el que actualmente concluyo mi Doctorado en Educación.
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Estas experiencias me han permitido comprender que la virtualidad no solo elimina barreras geográficas, sino que también amplía las posibilidades de acceder a espacios formativos de alta calidad, dialogar con especialistas de distintos países y aprender de docentes cuyas trayectorias representan referentes en sus respectivos campos de conocimiento. Hoy más que nunca, la educación ofrece la oportunidad de elegir dónde, cómo y con quién aprender, favoreciendo la construcción de redes académicas que enriquecen la práctica docente y fortalecen la formación profesional desde una perspectiva local con proyección global.

Referencias
Freinet, C. (1971). La educación por el trabajo. Fondo de Cultura Económica.
Freinet, C. (2005). Las invariantes pedagógicas. Laia. (Trabajo original publicado en 1964).
Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (2.ª ed.). Siglo XXI Editores.
Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.
Morin, E. (2001). La cabeza bien puesta: Repensar la reforma, reformar el pensamiento. Nueva Visión.
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LA AUTORA

Es profesional de la educación con sólida formación académica y experiencia en Lenguaje y Comunicación, comprometida con la formación integral de los estudiantes bajo los principios de la Nueva Escuela Mexicana, la equidad y la inclusión. Participa en proyectos colaborativos nacionales e internacionales e innovación educativa.

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ROSA HERLINDA DE LA CRUZ BARRÓN
Chihuahua, Chihuahua - MÉXICO

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